viernes, 14 de mayo de 2010

desdemibalcon


Medianamente brota de los edificios un sabor a ámbar,
música de los autos,
ruidos de las horas,
ficciones de miradas capturadas desde lo alto:






domingo, 9 de mayo de 2010

que bueno es poder sentir que otros sienten lo mismo, y encuentran las palabras adecuadas para hacerlo:

De un tiempo acá, cuando la gente me pregunta dónde vivo, guardo silencio por unos segundos. Antes respondía de inmediato: vivo en Quito. Ahora mi cuarto está en mi maleta. Ahora respondo mira, mis cosas (mi ropa, mis juguetes, mis libros) están en Quito, pero soy itinerante, así que mejor mándame un mail y partimos desde ahí.

Curioso, siempre he relacionado el bienestar con viajar, con el movimiento constante y sonante. De niño me fijé en que la gente a la que le va bien en la vida viaja mucho y bien mientras que el resto viaja mal y nunca. Así era, por lo menos en mis tiempos. Pero las cosas han cambiado y he descubierto que viajar bien no es recorrer miles de kilómetros a miles de pies de altura en clase ejecutiva sino dejar un poco de carne en cada sitio y traerse un poco de tierra.

Hace unos días volví a Quito y ahora digo que estoy en casa, en mí casa. Raro porque en la capital siempre me he creído extranjero. La sensación térmica que tengo en Quito es la misma que tenía hace diez años, cuando llegué para quedarme: ok, vivo aquí, pero no soy de aquí, mejor así, mejor guardar cierta distancia y caminar mirando hacia atrás antes de mirar hacia adelante. Alerta, 11/24-7.
CulturaB

deseando estar en casa, aunque sea por hoy...

domingo, 2 de mayo de 2010

tumba_dos

Salió intuyendo que la puerta se cerraría detrás de él, aún hace calor pensó y apenas terminó de pensarlo una ráfaga de aire se hizo presente, dudó de sí lo dijo en voz alta.... cruzó la calle y a su paso cayeron algunas hojas y quizás se levantaron otras cuantas... Alzó la mirada para enfocar las tonalidades de aquellos árboles que parecían irse quedando desnudos, y el viento desnudando y ellos dejándose desnudar.
Caminó media cuadra y recordó que olvidó limpiar sus cavidades invadidas por letras sangrantes y cerveza lupulante, las dejó ahí, finalmente eran ellas quienes apartaban de su testa la espantosa realidad.
Esperó y respiró con la boca abierta para permitir que su caja torácica no apretara los pulmones que quizás para esta hora de la tarde ya estarían llenos de toda la toxina que recorrió sus fosas superiores. Todo habría bajado ya.
Un vacío recorrió sus extremidades, los naranjas abandonaron su caída y los verdes volvieron a posicionarse en la copa de los árboles.
Y el colectivo que no llegó, y la inflamación craneal que no cedió, y el otoño que se estacionó, y un ciclo ya recorrido lo obligaron a tumbarse en el pavimento... esperando a que uno de estos días ya no sea uno, sino sean ambos los que caigan en el mismo sitio, para así finalmente poder anclar.